PASIÓN POR LA VOLUNTAD DE DIOS
En su piedad personal, Claret abundaba en jaculatorias y expresiones espontáneas de acción de gracias, alabanza y ardientes deseos de conocer y cumplir la voluntad de Dios. Cumplir en todo la voluntad de Dios, su Padre, fue siempre para Claret una necesidad vital y casi una obsesión. Lo repetía insistentemente en sus propósitos, exámenes y determinaciones que dejó escritas.
En eso, como en todo, Claret quería imitar fielmente a Jesús. Quiso configurarse con el Jesús que se ocupaba de los asuntos de su Padre Dios (cf. Lc 2,41-49), al Jesús cuyo “alimento” era cumplir la voluntad de su Dios Abbá (cf. Jn 4, 31-34), cumplir fielmente esa voluntad de amor redentor y salvador de nuestra condición humana.
Por eso “Claret contigo”, al confiarte su ardiente deseo de cumplir la voluntad de Dios, no puede dejar de preguntarte qué importancia das tú a conocer y cumplir la voluntad de Dios en tu vida cotidiana. En las diversas encrucijadas de la vida, Claret practicó el “discernimiento”, es decir, trató de discernir el proyecto de Dios, leyendo la Biblia, orando, pidiendo consejo a otros, a veces esperando largamente una luz…
Hoy te dirige a ti esta sugerente pregunta: ¿Has pensado alguna vez lo que sería la vida en nuestra Iglesia si todos los cristianos y cristianas buscásemos y cumpliésemos la voluntad de Dios Padre como Jesús? ¿has pensado lo que, en tal caso, mejoraría la vida en nuestro mundo para todos los humanos y todas las formas de vida, también para la naturaleza cuya conservación él nos ha confiado?
El amor sin egoísmos, en todos y entre todos, es y será siempre la voluntad del Dios de Jesús en nuestras vidas.